¿Un TLCI México- China? ¿O Un acuerdo de Integración productiva y cooperación?

"Publicada 23 de agosto de 2017 08:58"

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- JOSE RAMÓN ROMERO - Director General - DISTRIBUIDORA DE MATERIALES ROJAS SA DE CV

Ante el continuo fortalecimiento económico de China, los problemas e incertidumbre en México con EU de Trump y la evidente necesidad de diversificar nuestras relaciones económicas con el exterior ha habido propuestas de celebrar un Tratado de Libre Comercio e Inversiones con China.

La semana pasada asistí a una interesante charla en la UNAM sobre ese dilema. Complementariamente he revisado algunos estudios de la CEPAL y de especialistas latinoamericanos sobre la experiencia a la fecha con China, de países que han celebrado TLCs con ese país: Chile (2006), Perú (2010) y Costa Rica (2011).

He aquí mis reflexiones:

1.- La relación económica actual con China es adversa a México y con pocas perspectivas de mejora. El gigante asiático se ha convertido ya desde hace 15 años en nuestra segunda fuente de importaciones después de nuestro vecino del norte.

Las exportaciones mexicanas a ese país solo compensan una doceava parte de ese flujo formal de bienes -sin contar el enorme contrabando-, por lo que tenemos un déficit comercial creciente.

Los esfuerzos de expansión de nuestras exportaciones han rendido escaso fruto dada nuestra baja capacidad competitiva para exportar de las empresas nacionales. Las exportaciones de minerales, frutas y legumbres, carne de puerco, tequila y otros productos siguen siendo un 'arañazo' frente al potencial existente.

Como explicó muy bien el consultor Adrián Cisneros en su plática en el Centro China- México de la UNAM, a la típica empresa mexicana le falta la sofisticación internacional, los recursos humanos especializados y el conocimiento de la diversidad regional de un país tan vasto como China. Tampoco hemos sido capaces de crear en México y en China la red de apoyo para atender los desafíos y las oportunidades de ese mercado. Hay recursos de ProMéxico, pero frecuentemente el empresario no está dispuesto a invertir en la parte que le corresponde.

2.- Las inversiones de China en México también son muy pequeñas-equiparables en monto ¡a las de Irlanda!- resultando insignificantes en nuestra balanza en cuenta corriente.

Los dos proyectos importantes con empresas chinas que habrían de iniciar el despegue de una nueva relación económica -el de la creación de un centro distribuidor de productos chinos en Quintana Roo y el de la construcción del tren rápido a Querétaro- naufragaron por razones diversas bien conocidas y acabaron por costarnos caras en términos de credibilidad y de indemnizaciones, a pesar de contar con respaldo financiero chino importante.

La única área con alguna perspectiva optimista es la explotación de petróleo y gas en aguas profundas, donde la empresa estatal china obtuvo dos asignaciones importantes con potenciales impactos positivos en el largo plazo.

En el caso de las empresas mexicanas, fuera de las grandes empresas que se han decidido a invertir en China, como Bimbo y Maseca, y algunas exportadoras de minerales, la gran mayoría sólo tiene a China en sus sueños.

Las grandes empresas trasnacionales, no ven a México como un proveedor de China; más bien como un eslabón competidor -ahora vulnerable- en su cadena de inversiones y de valor para abastecer al mercado de América del Norte.

3.- En turismo no hemos logrado atraer flujos importantes de turistas chinos, a diferencia de los países europeos, de América del Norte y de algunos países latinoamericanos como Perú.

Aproximadamente 100 mil chinos visitan México por motivos gubernamentales, de negocios y académicos; pero los grupos de turismo organizado son escasos. La realidad es que, a pesar de las múltiples promesas de que vamos a promover el turismo chino, esta veta muy rica y promisoria sigue sin explotarse hoy.

No contamos con un plan integral de fomento, ni la red de personal especializado, ni las facilidades migratorias para impulsar a grupos potenciales, ni la infraestructura en los principales aeropuertos y puntos de ingreso al país.

En China misma solo tenemos un delegado de Sectur, que atiende toda Asia y que no cuenta con los recursos necesarios. Ojalá y Enrique de la Madrid- quien tiene visión promotora- ponga en marcha pronto una política integral y detone acciones concretas, con el respaldo presupuestal necesario de la SHCP y el sector privado. La ampliación de los vuelos de Aeroméxico y la nueva ruta de China Southern pueden ser punta de lanza de esa iniciativa.

En suma, en México siguen ausentes la visión, la voluntad, las políticas integrales y los recursos presupuestales del estado y los particulares para expandir de manera efectiva inversiones, exportaciones e influjos turísticos a la altura de las exigencias bilaterales y globales. Sólo en algunos cuantos reductos como el Cechimex de la UNAM, Hong Kong Trade Development, Bancomext y algunos grupos empresariales de Comce existe el potencial para ello.

Hace falta una Subsecretaría de Asia y Pacífico en la SRE, que coordine y promueva nuestra relación integral institucional. Sería una buena inversión institucional.

La gran pregunta es por qué México con su experiencia y probada capacidad de producción y exportación no ha sido capaz de poner en marcha -como Brasil, Chile, Perú y Costa Rica- una política hacia la gran potencia mundial emergente e intentar insertarse en el nuevo proyecto de la Ruta de la Seda.

Un estudio de Fernando Reyes Matta, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China de la Universidad Andrés Bello- muestra que pese a la asimetría persistente en la balanza comercial y el predominio de materias primas en los casos de las exportaciones de Chile y Perú a China, existen comercio e inversiones crecientes, que se explicarán cada vez más por las estrategias e iniciativas de acercamiento e integración productiva públicas y privadas entre ambos países, que por los TLCs y el acceso preferencial al mercado chino.

Según la Cepal, China desplazó ya en 2011 a la Unión Europea como el segundo principal origen de las importaciones regionales y existe una oportunidad para América Latina de incorporarse a las cadenas de valor agregado y de manufacturas y servicios globales.

En la Cumbre con China durante la gira de XI-Ping por la región, surgió un marco “1-3-6” para promover la cooperación de beneficio recíproco : 1, en referencia al Plan de Cooperación China-LAC, con el fin de promover el crecimiento incluyente y el desarrollo sostenible 2015-20 ; 3, en referencia a los tres motores (comercio, inversión y cooperación financiera)y 6 áreas de acción: energía y recursos, construcción de infraestructura , agricultura, manufactura, innovación y tecnología de la información . Curiosamente no hubo referencia a los TLCs.

Como lo han podido comprobar muchos países en los últimos 30 años los factores claves para lograr los objetivos de desarrollo compartidos en una relación bilateral o regional no son los TLCs, sino la estrategia y las políticas y acciones conducentes y- claro está- los recursos y acuerdos institucionales, de infraestructura, financieros y empresariales que ambas partes estén dispuestos a concretar con eficacia. Eso sigue faltando básicamente del lado mexicano para tener éxito- con o sin TLC- en la promoción de la relación de México con China y otros países... Fuente El Financiero

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